Un SMS que parece de tu banco, un enlace, una web idéntica a la de siempre… y has metido tus claves. O te ha llamado alguien «del departamento de seguridad» y le has dado un código. Respira: lo que hagas en la próxima hora importa más que lo que ya ha pasado.
1. Corta el daño
- Llama a tu banco por el teléfono de siempre (el de la tarjeta o la app, no el del mensaje) y pide bloquear tarjetas, accesos y operaciones pendientes.
- Cambia las contraseñas que hayas escrito en la web falsa y las de cualquier servicio donde uses la misma.
- Desconecta el dispositivo de internet si además has instalado algo o has abierto un archivo.
Si tienes dudas, el 017 es la línea gratuita de ayuda en ciberseguridad de INCIBE: te orientan sin necesidad de que sea una emergencia grave.
2. Conserva la prueba (antes de borrar nada)
Es el paso que casi todo el mundo se salta, y el que más pesa después:
- No borres el SMS, el correo ni el historial de llamadas. Haz capturas, pero conserva también el original.
- Guarda el enlace tal como venía (cópialo, no lo vuelvas a abrir).
- Anota la hora del mensaje, de la llamada y de cada operación que veas en la cuenta.
- Si fue un correo, no lo reenvíes: el reenvío altera las cabeceras técnicas que permiten saber de dónde vino.
3. Denuncia y reclama
Presenta denuncia ante la Policía Nacional o la Guardia Civil con todo lo anterior. Con la denuncia, reclama por escrito a tu banco las operaciones que no autorizaste.
¿Dónde entra un perito?
Cuando el banco discute la reclamación —por ejemplo, alegando que fuiste negligente—, un informe pericial puede documentar cómo era el mensaje, desde dónde se envió, qué web suplantaba y qué ocurrió en tu dispositivo. Eso convierte «yo no fui» en hechos verificables.